
Seguro que muchos de vosotros ya lo habréis visto (salio hace más de año y medio), pero siempre se me olvidaba compartirlo con vosotros. Se trata de la tercera entrega de la franquicia de vídeo juegos Bioshock, que en esta ocasión cambia las profundidades marinas por las alturas de los cielos, en un juego que se caracteriza por su genial retrofuturismo.